Hace unos meses fabulaba yo con la posibilidad de que
las quijotescas bodas de Camacho se hubieran celebrado al pie de mi ventana, al
norte de Villarrobledo. El tiempo que cabalgaron, con las monturas que llevaban,
las direcciones en las que lo hicieron, primero hacia el noroeste buscando
Zaragoza desde El Toboso, y más tarde hacia el sur, hacia la cueva de
Montesinos, descansando unos días en la casa-castillo del caballero del verde
Gabán, pudo perfectamente haber traído a los protagonistas hasta Villarrobledo,
el único lugar en la zona en condiciones de soportar un evento con una
gigantesca infraestructura, un lugar con tradición de Quiterias, con una iglesia en el actual parque de Joaquín Acacio erigida a su advocación, y con una amplia industria tinajera. No era, por
tanto, una simple boutade. Se trataba en realidad de una conclusión plausible
tras una lectura en clave geográfica de los primeros capítulos de la segunda
parte del libro. Es necesaria, eso sí, una cierta dosis de voluntarismo, de
querer que de la lectura se desprenda que finalmente las bodas se celebraron en
Villarrobledo, pero en mi opinión no más que el voluntarismo que hace falta para
llevarlas a otros sitios, que por razones que no acabo de entender (o sí) han
contando con mejores propagandistas. Por supuesto, otros antes que yo, un
voluntarista lector aficionado, concluyeron esto mismo. El más importante, Juan
Antonio Pellicer, zaragozano, biógrafo y cervantista español del siglo XVIII,
académico de la Real Academia de la Historia, autor de uno de los dos
itinerarios confeccionados en el siglo XVIII que sirven de base a todas las
especulaciones serias que se han hecho después. Hay incluso una mapa francés de
1821 que ubicó en nuestra ciudad las Noces de Gamache, del Chevalier de la
Triste Figure. En realidad la pugna entre los pueblos por ubicar los episodios
del Quijote durará mientras dure el interés por la obra, porque ya se encargó
Cervantes de dejar innominados la inmensa mayoría de ellos y provocar el debate.
lunes, 12 de octubre de 2020
BODAS DE CAMACHO
Estamos en Villarrobledo, en el año 1614. La bella Quiteria se casará mañana con
el rico Camacho. Sale de casa, hace calor. En unos días se iniciará el verano.
El casamiento vendrá bien a su familia labradora, que no anda sobrada de reales,
pero ella recuerda a Basilio, el chico del pueblo con el que paseaba desde niña.
Necesita olvidarlo. Necesita rezar en el convento de San Francisco. El convento
se construyó antes de que ella naciera sobre la vieja Iglesia de Santa Quiteria,
levantada en 1450. Ella se llama así en honor a la santa, como su abuela y su
tatarabuela, y muchas otras mujeres del pueblo. Antes de entrar al convento ve
por las calles carretas con tinajas y medias tinajas atiborradas con los panes,
los quesos, las liebres, las gallinas, carneros y lechones que se ofrecerán a
los mil invitados de la celebración. Todo el pueblo está excitado con el evento.
Aunque el Corpus ha pasado ya, el ambiente es festivo. Al menos un miembro de
cada familia tomará parte. Habrá más de cincuenta cocineros, doce labradores
sobre corceles, veinticuatro zagales danzantes, otras tantas doncellas
bailadoras y ocho ninfas para hacer sus representaciones. Ya la música se
escucha en los prados del norte. El pueblo está en una época de esplendor, es el
granero de castilla, y vive gran avance social y demográfico, con casi diez mil
habitantes. No solo la industria tinajera crece, también otros muchos gremios,
incluso el de quienes se dedican a las artes florece. Quiteria aún no sabe que
sus rezos serán atendidos en una truculenta peripecia en la que participará un
forastero caballero llamado don Quijote. De la que no doy más detalle por si a
alguien le apetece leerla.
sábado, 26 de agosto de 2017
ALÁ ES GRANDE
Que sí, que Alá es grande,
grandísimo, pero no más que otros dioses verdaderos como Zeus, Enki,
Marduk, El, Asera, Dios, Tengri, Elyon, Yaveh, Dagda, Lugh, Odín, Ometeotl,
Tao, Brahma, Visnú, Siva, Amón y así toda la colección de
millones de seres inanimados que, para consuelo y escarnio de los hombres,
pululan en un imaginario de 100.000 años de sangre y fuego considerablemente
estúpidos.
miércoles, 16 de agosto de 2017
EMBATES
Ante cualquier problema siempre creía que existía una salida liberadora, una que te dejaba inerme, era cuestión de inteligencia o astucia encontrarla. Ahora sé que hay embates de la vida que te dejan inevitablemente lisiado. En la infancia, igual, el daño físico es rápidamente socorrido por el diente de repuesto o la piel nutricia, mientras que, con los años, la ruina corporal se te va instalando a sorbos o a tragos de un modo definitivo.
NUESTRO MASOQUISMO
Las 6 de la tarde. Oigo desde mi casa lo que, con el mismo ingenio con que llamamos Contador a cualquiera que sube una cuesta en el camino de Puertolope, apodan la Castellana.
Suenan todos los éxitos que nos atormentan en radios y televisores, y a veces ni siquiera eso, sólo incomprensible bazofia y chumba chumba, que se escuchan fuerte o atronador en mi patio, según la intensidad del viento.
Unas veces llega el estruendo solo y otras ribeteado con aullidos de la jauría o el animador del micrófono, que debe ser tipo muy divertido y musculado.
Eso por la tarde, pero el jaleo es especialmente turbador de madrugada, a las 6 de la mañana, digamos. A esas horas, entre los vapores del sueño, yo ya no sé si el ataque llega por oriente o por poniente, o si la turba está acampada en la Huerta del Gallo o en las eras de San Cristóbal, hasta que despierto y caigo en la cuenta de que es nuestra simpar Castellana, y en 15 minutos me voy a trabajar.
Dicho ésto con el máximo respeto, porque hay que divertirse, y cada uno, yo incluido, elige el masoquismo que prefiere.
jueves, 25 de mayo de 2017
BERNARDO
En el 87 Bernardo me dio matemáticas en el Instituto. Hago memoria. Intento recordar en qué momento de su vida estaba, y descubro que tenía solo cuarenta años, pero había tenido tiempo de encabezar la candidatura del PCE al Ayuntamiento en el 79, de haber sido primer teniente de alcalde en 1983, diputado regional con el PSOE en las primeras Cortes Autonómicas, y se disponía a encabezar la oposición al gobierno de Alianza Popular.
Una andadura dilatada ya en política que no le había alejado, más bien al contrario, de su vocación docente. Quienes dejaron temporalmente de enseñar en aquellos tiempos -para dedicarse a la política- relacionaban su vuelta a las aulas con un retorno a la cordura, el regreso al paraíso de las cosas sencillas y fecundas, a la vocación verdadera, a los horarios que permiten el ocio y la familia. Bernardo puso fin al alejamiento en el 95, cuando esa Ítaca de chicos y profesores, de estudio, de poesía y matemáticas, de tiempo para su mujer y su familia, se le impuso de modo irreprimible.
En el 87, sí, me dio
matemáticas. Cogía la tiza, escribía lenta y continuadamente números con
delectación. Planteaba los problemas y hacía el razonamiento avanzar hasta que
apareciera naturalmente la solución, entonces concluía con su palabra fetiche:
evidentemente.
Ponce y yo llevábamos
una documentada estadística de los “evidentementes” que Bernardo decía por
clase. Como no existía Excell el trabajo requería esfuerzo de artesanos.
Durante la clase recogíamos los datos. En el recreo, mientras el resto de los
chicos jugaban al guarrigol nosotros procesábamos la información. El viernes
analizábamos la semana y pintábamos gráficamente la evolución.
Cuando se lo contaba
se reía a carcajadas, pero detrás de su barba había también un pudor
retrospectivo y un ¡vaya par de cabrones!
No sé dónde estarán
ahora esos cuadernos, por así decir, de matemáticas, llenos de tablas de datos
y gráficos. Sí sé que aquel ejercicio de análisis que hicimos del profesor
nacía de la fascinación que los números escritos por Bernardo derramaban como
polvo de tiza.
Bernardo me convirtió
en un chico de letras al que atraían las matemáticas y de algún modo me
dejó, como corolario de su evidentemente, un aprecio duradero por lo
científico, por la duda, un rechazo al arbitrismo, a las explicaciones
demasiado fáciles para problemas complejos, y a exigir, como decía Carl Sagan,
pruebas extraordinarias a afirmaciones extraordinarias. Una mínima aritmética
de las cosas facilita la convivencia.
Era un orador
magnífico, ilustrado, hondo. Su discurso traslucía la timidez de su carácter.
Atrapaba al auditorio por lo que decía. Trataba al elector con el respeto
intelectual que merece. Como dejó la política hace 22 años es muy posible que
quienes hoy se sientan en el salón de plenos no lo conocieran -dejo al margen
alguna excepción-. Hubiera sido
su despedida una buena ocasión para defender genéricamente la actividad política.
Participó
decisivamente en dos periodos cruciales en la vida democrática de nuestra
ciudad: los primeros ochenta, cuando se dignificó la vida en los barrios,
asfaltando y alumbrando esos oscuros barrizales que él bien conoció de niño; y
los primeros noventa, en los que se modernizó la ciudad.
Paseaban Cari -su
novia, decía- y él cogidos del brazo siempre como si acabaran de conocerse. Se
compraron un coche grande, que les permitía incluso dormir en él mientras
viajaban. Había algo permanentemente joven en sus costumbres, que nunca les
abandonó. Han dado mucha envidia.
No dejó de dedicarse a
lo público. De algún modo el tiempo que estuvo de director de su Instituto le
sirvió para mantener en forma el instinto de persona comprometida. Fue su
ocupación hasta la jubilación. Después lo fue su enfermedad. Entretanto
organizó un reencuentro de antiguos alumnos del Bachiller Laboral del Instituto
Virrey Morcillo, haciendo de anfitrión pese a sus mermadas facultades, y tuvo
ocasión de recibir el cariño de compañeros entrañables.
El mismo cariño
que recibió en su despedida, un emotivo acto con la poesía y
la música que le gustaban, y con la familia y los amigos, a los que temprano
nos lo arrebató la vida desatenta.
Somos destellos en un
inmenso vacío. Me pregunto por qué si tan fútil es nuestra existencia
desarrollamos un impulso moral. Qué necesidad tenemos. La trayectoria de
Bernardo y su comportamiento público y privado evidencian esta fabulosa
paradoja.
sábado, 25 de febrero de 2017
BANDO CARNAVALES 1992
BANDO
CARNAVALES DE
VILLARROBLEDO – 1992
EL ALCALDE-PRESIDENTE
DEL EXCELENTÍSIMO AYUNTAMIENTO
Los que aman
la fiesta, la zambra, la bulla, los jorcos, y otras no menos sonoras cualidades
de la gozosa movida, aun no ocultando su pronta disposición a las chacarrachaca
y titiritainas en ocasión cualquiera del año, ni disimulando, asimismo, el
talante a invitar, por invitarse, a toda alegre jarana que al paso encuentren,
si no la inventan con razonables motivos, saben que es llegado el momento -de
la verdad, dirían los toreros- de sacar provecho al contento que la natural inclinación
humana alcanza a lo largo y ancho del cuerpo y del alma.
Así
es, año tras año, siempre el mejor, el Carnaval de Villarrobledo, nuestro
pueblo, que se va a iniciar el 29 de febrero -año bisiesto y, por tanto, de
grandes propósitos- y hasta el 8 de marzo, que acabe, va a recoger nuestras
mejores virtudes: las de tradicional convivencia y hospitalidad generosa,
mensaje que no ha pasado desapercibido a las generaciones de ahora que repiten
tan justa y conveniente virtud.
Unos,
de bolsillo más resuelto por abultado o los ahorrativos para la ocasión, compran
telas encantadas y baratijas, que, bien dispuestas, improvisan elegantes trajes
que a todos nos sorprenden y admiramos; aunque los más abren el arca de la
abuela y prueban con mil trastos y cachivaches hasta acertar con lo más
cumplido.
Y
del atavío al callejeo, donde el grito y canto jocoso se mezclan con abundantes
licores -especialmente las zurras, preparadas con nuestros vinos- que alegran tanto
que, en algunos, producen el olvido de la moderación, aunque la mayor parte de
las máscaras, bienvestidos y otros muchos lindos y lindas, saben mejor
divertirse con bromas y chacotas, antes que perder el respeto a los demás y a sí
mismos.
El
Ayuntamiento, junto a otras desprendidas personas, ha preparado un generoso
Carnaval, desde luego no derrochón, porque no corren tiempos de ligereza
económica; pero no ha de faltar la charanga y mucho menos la imaginación, de
probada claridad desde tiempos más aciagos que los de ahora y menos dispuestos
a las libres jaranas callejeras.
Son
fiestas que, según el ingenio de cada uno, pueden exprimir el regocijo, bien
con la invención, el fingimiento y otras sutilezas, todo acompañado de cánticos
y bailes, en especial los jóvenes, que han aprendido la tradición del Carnaval
de sus padres, y se mueven como pez en el agua.
Quiere
el Alcalde, y con él los Concejales todos, que esas fiestas de Carnaval sean
las mejores y que no exista más límite que el respeto a las personas y a las
cosas. No se inhiban los tímidos ni se aprovechen los bravucones, que de todo
hay en la viña del Señor, porque no es bueno pasarse, como no llegar.
A
bien seguro, queridos paisanos, que hará frío, pero ni el helado invierno ni
los nefastos augures, que mal nos quieren, como han demostrado, nos van a dejar
en casa, porque es el momento de participar en nuestras fiestas de Carnaval con
alegría y sana convivencia, que es nuestra imagen verdadera.
Villarrobledo, 24 de febrero de
1992
Francisco Segovia Solana
domingo, 29 de noviembre de 2015
DON BASILIO
Enlazo un fragmento de “Don Basilio”, un cuento a medias ficción y realidad que escribió mi padre en 2012. Hoy lo he leído por recordarlo –a él, claro, hace ya dos años-. Hay mucho de Juan de Mairena, de Machado, ese maestro sabio, como el protagonista del cuento; y mucho de Juan Marsé en Si te dicen que caí, y esa creación suya, los aventis, historias que los niños de posguerra se contaban para esquivar el hambre.
...“El parque, en esta época, estaba precioso y atractivo. Había días que los amigos y yo nos íbamos al paseo que daba a la Posada, poblado de hojas caídas este otoño perfecto. Por ahí paseábamos como si fuéramos seres extáticos, nobles, en un paisaje lleno de misterio y seducción; envueltos por las sombras de los árboles y el hechizo sonoro de las hojas que susurraban un lento quejido tras nuestras pisadas. ¡Qué felices nos sentíamos en este ambiente tan cercano y natural! No llegábamos a la Posada porque también le teníamos una gran aprensión: en aquélla zona, que correspondía al paseo central del parque, hubo, en tiempos lejanos, un cementerio y un convento franciscano que era parte del patio de la Posada. Por la noche, decían, en el mes de octubre, las almas de los frailes paseaban rezando maitines a horas intempestivas de la madrugada y desalojando, en esa época, a los pocos huéspedes que allí se instalaban provisionalmente, antes de proseguir camino a alguna parte. En fin, que el mes de octubre cerraban por limpieza y espulgo de cuadras y cuartos. La verdad es que nadie podía dar fe de que aquellos acontecimientos coincidieran con la realidad. Yo, aunque receloso, por línea materna, no pasé a creérmelo, por cálculo paterno. Es más, la retahíla de frailes fue objeto de sueños en aquéllos días y conté a mis amigos el juego onírico de sus latines y paseo: los monjes –conté- éramos nosotros mismos vestidos de largos hábitos, sanos y nada muertos ni penados. Nuestros cánticos eran los latinajos que habíamos aprendido en la misa de don Pedro y, al cantar, bailábamos, danzábamos y nos sentíamos tan campantes…
Don Basilio sonreía y movía la cabeza como diciendo que no nos fiáramos de todo lo que se decía: Grande es la ignorancia del pueblo. Y maldad la de aquellos que la fomentan para que creáis en rumores y cuentos, desde que se nace hasta que se muere, y así desviar la atención de lo que realmente merece la pena, la libertad, la dignidad, la igualdad y el conocimiento. Es falso que los frailes salgan a pasear como es falso que dios os premie en otra vida…”
Don Basilio sonreía y movía la cabeza como diciendo que no nos fiáramos de todo lo que se decía: Grande es la ignorancia del pueblo. Y maldad la de aquellos que la fomentan para que creáis en rumores y cuentos, desde que se nace hasta que se muere, y así desviar la atención de lo que realmente merece la pena, la libertad, la dignidad, la igualdad y el conocimiento. Es falso que los frailes salgan a pasear como es falso que dios os premie en otra vida…”
FRANCISCO SEGOVIA SOLANA. 2012.
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