sábado, 31 de enero de 2015
DÍA DE VIENTO
Vinieron Ahmed y él a hacer Formación Profesional. El frente polisario colaboraba con la administración española para formar a algunos muchachos de su país secuestrado. Fue fácil integrarlos. En seguida se acostumbraron a ir con quienes llevávamos algún tiempo allí. Por los largos pasillo de la residencia oía estruendo de correr y sabía que en seguida me caería a la espalda el peso de Abba, subido a coscoletas. Tenía solo dos o tres años menos que yo. Pero era un niño. Ponía cara de pícaro cuando le gustaba alguna chica. Con su gesto reconocía que era guapa pero no sabía muy bien qué hacer con eso, que se ocupase otro. Era muy delgado y de mediana estatura. Siempre iba con pantalones que yo diría bombachos aunque quizás era sólo que habían cedido por el uso, y zapatos negros de punta. Hacía gracia por esa excentricidad al vestir que no corrigió durante los años que nos conocimos en la residencia universitaria. Sí evolucionó en otros gustos con el tiempo. Tengo fotos de algún cumpleaños mío en la Residencia. Año 93 o 94. Yo con una camiseta de Kill your Idols y él con una peluca y una cinta en el pelo y una raqueta como guitarra parodiando seguramente a Guns and Roses o ACDC. Ahmed hizo más su vida. Era independiente. Era más serio y desconfiado. Ya miraba a las chicas en nombre propio. Lo pasamos bien en la residencia. Los que llevávamos unos años allí sabíamos dónde encontrar los platos que habían sobrado de la cena. Y alguna caja de surtido de galletas. Muchas veces, por su cuenta, los cogía y nos visitaba para darnos el festín. Aunque fuera cerdo. Un día es un día. Su aspecto era claramente magrebí. Una noche salimos a dar una vuelta por Albacete. A pasarlo bien. Íbamos seis u ocho chicos y chicas. Cuando quisimos entrar en la discoteca el portero le dijo que no entraba. Le pedimos explicaciones y nos dijo que si queríamos que entrara “ese” que hiciéramos nuestra discoteca. Les salió caro. Movilizamos a una buena parte del campus de Albacete. A los medios de comunicación. A los sindicatos y asociaciones universitarias. Llenamos la calle Tinte en una sentada, y la discoteca tuvo que cerrar por un serio bajón de reputación. Abba lo pasó mal. Se mantuvo al margen de este asunto. Pero andaba triste porque igual que sabía que las chicas eran guapas y que otros gestionan eso de algún modo, no entendía la razón por la que él no pudo entrar en la discoteca. Tuvimos varias vistas en los juzgados con el dueño y el portero de Qum Laude. Aún hoy los veo por Albacete y no es muy agradable. En verano y épocas de cierre de la residencia se alojaban en un piso que el frente polisario tenía alquilado cerca de la plaza de Carretas, donde residía normalmente su representante, que se ocupaba de ellos en la distancia. Sus verdaderos padres éramos nosotros, sus compañeros. Allí los visité, a Ahmed y a él, alguna vez, en la feria de Albacete probablemente. Le gustaba el fútbol. Era del Barcelona, ahí no pude hacer nada. Era el más cerrado seguidor del Barcelona. Tenía gran facilidad para querer con absoluta lealtad e inmediatez. A los amigos, a la canción que le gustaba, a su equipo preferido, a los amigos de sus amigos. Unos años después, terminados los estudios, vino por Villarrobledo, estuvo en mi casa, conoció a mi familia. Luego estuvo nuevamente aquí porque B., que trabajaba para la asociación de amigos del pueblo saharaui lo acogió como un hijo en su casa durante varios veranos. Se mató hace unos años en una curva de Villatobas arrollado por un camión cuando venía de trabajar de albañil con unos compañeros. No sé por qué ahora se me ha ocurrido recordarlo de este modo, quizás porque es un día ventoso y hay cosas que no quiero que vuelen de mi memoria.
lunes, 4 de agosto de 2014
HOY ME HE DADO CUENTA
Hoy me he dado cuenta, mientras conducía de vuelta a casa, de que en los últimos 5 años he hecho un cuarto de millón de kilómetros con el coche. De que normalmente los he hecho solo. De que eso da para pensar mucho, y para escuchar mucho la radio, a veces música, a veces tertulias, a veces noticias. De que normalmente he sintonizado programas que me gustan, o con los que me identifico, aunque en alguna ocasión, ¡oh!, he escuchado a Jiménez Losantos. De que me he llevado algún susto, aunque sin demasiada importancia. Y de que tengo las vértebras L5-S1 de una persona mayor. Pero, y esto es a lo que voy, he tenido la oportunidad de comprobar cosas que antes sólo intuía. Por ejemplo, que entre La Ossa de Montiel y Socuéllamos no hay un foso con cocodrilos (aunque resulte incomprensible que Villarrobledo y Socuéllamos no estén todavía unidos de un modo razonable), ni una valla electrificada entre Munera y Tomelloso. Y que si tú pasas Lezuza en dirección a Hellín, a la derecha te queda la Sierra de Alcaraz y que se ven picos nevados. Y que se puede ir de Sigüenza a Cuenca sin pasar por la capital de España, o de que en el trayecto entre Almansa y Tobarra no cayó un meteorito como el campo del Atlético de Madrid. La gente, antes de que hubiera carreteras, cogía su burro o su caballo y percibía la continuidad del espacio. Y eso a mí me mola, porque las autopistas o el AVE mejoran la economía de los puntos que conectan, pero conducen al olvido a los territorios que marginan
jueves, 31 de julio de 2014
JOYCEANDO
A veces, pero solo a veces y por poco tiempo, siento que ha desaparecido el mundo al que pertenezco. Un mundo en el que mi abuela Concha cose en su máquina Singer y el Lolo remueve el chispe en la estufa. Un mundo en el que mi padre sube de cuatro en cuatro las escaleras de casa al volver del Instituto y la Mariana reniega porque se ha hecho vieja. Ese mundo de tiempo dilatado que está en nuestro pasado y que a veces, solo a veces y por un rato, siento que es mi mundo, y que en algún lugar, al volver una esquina o al hundir los dedos en una cortina se me aparecerá de nuevo, y será un feliz reencuentro para mí y para ellos, y me sumergiré en él de nuevo, como nunca debió dejar de haber sido. Y subiré en el coche que conduce mi padre porque es domingo por la tarde y hay que ver el fútbol en el Lorenzo. Y sortearemos a mi abuela y a la tía Lola que a duras penas pasean del brazo mientras se cuentan cosas en su idioma. Y sólo brevemente regresaré al colegio con don Rafael, que nos prometió terminar nuestra primera clase de inglés en sexto sabiendo decir yo soy un chico, I am a boy - allá me voy, para recordar -. Y en el recreo saltaré los muretes redondeados que franqueaban el pasillo lateral y descubierto del colegio, y veré a don Ángel, que me tenía bien enchufado. Y al volver a casa veré a la Alfonsa y la Encarna o a Ángel charlando en la calle y golpearé los llamadores dorados de mi casa que parecían pendientes gigantes. Ese mundo, del que estoy desterrado, que sigue aconteciendo en algún sitio, de modo natural, siendo posible el azar, la suerte o el infortunio, como en éste, sin la viscosidad de la nostalgia, y que está quizás tras una esquina o una cortina. Pero eso es sólo a veces y por poco tiempo
sábado, 12 de julio de 2014
GENTE CORRIENTE
Sigo a Roberto
Saviano. Ese escritor condenado a muerte por escribir sobre la mafia. Le sigo
también en las redes sociales. Por él me entero (¡qué escaso eco ha tenido en la prensa española!) de que la
policía ha capturado e intervenido una conversación del propietario de la
pizzería madrileña "Bella Napoli” Ciro Rovaino, poderoso hombre de la Camorra.
En esa
conversación el capo da cuenta del interés de Luis Bárcenas en montar,
junto a él, un restaurante en Eurovegas, y le atribuye las siguientes
palabras: “mafia e política sono la stessa cosa”. Mafia y política son la misma
cosa.
Hace unas
semanas terminé “Cero, cero, cero”, de Roberto Saviano. Una investigación
periodística acerca de la cocaína. De cómo rige, a su juicio, los destinos del
mundo. El libro convierte la realidad de unos hechos noticiables en un
apasionante y veraz relato.
Acostumbro a
subrayar los libros que leo, quizás porque tengo la titánica aspiración de no
olvidarlos y parece tarea más sencilla recordarlos sólo en parte, aquélla parte
que por alguna razón, despierta mi interés. Me doy cuenta, así, de cómo, muchas veces,
lo que me interesaba hace veinte años estaría ahora condenado a ser un renglón
raso. Pero esta lectura es muy reciente y no se me ha desactualizado todavía.
El respeto lo conquista quien puede daros algo, lo
pierde el que es inútil.
¿Acaso no sois respetados por quien quiere algo de vosotros? ¿Por quien os
tiene miedo? ¿Y cuando no podéis dar nada? ¿Cuando ya no tenéis nada? ¿Cuando
ya no servís? Se os considera basura. Cuando no podéis dar nada, no sois nada.
Saviano nos
cuenta el parlamento de un viejo capo italiano (un hombre de honor) reunido en
Nueva York delante de un consejo de chicanos, italianos, italoamericanos,
albaneses y excombatientes kaibiles, todos gente afiliada con distintos grados
a organizaciones criminales.
Si uno de vosotros se convierte en mi hermano y yo
lo elijo en la Organización como mi igual, el destino es indudable, intentará
joderme. Don´t think a friend will be forever a friend.
De este
discurso he subrayado casi todo. Las organizaciones se fosilizan. Terminan
siendo sólo reglas, procedimientos. Seguramente ese hombre de honor habría
nacido en algún pueblo del sur de Italia, seguramente fue pobre y tuvo que
trabajar con las manos. Ahora viste trajes milaneses y se ha injertado pelo. Sólo manda de verdad quien tiene reglas.
Esas reglas
transcienden a las personas. Transcienden el pasado. Transcienden la
conciencia. Las personas molestan. El
pasado molesta. La conciencia molesta como una mosca torpe.
Todo molesta cuando se anhela poder. Se equivocan quienes piensan que se quiere
dinero o estatus. Quieren poder. Dominar la voluntad de los otros.
Los periodistas empiezan con ganas de cambiar el
mundo y terminan con ganas de llegar a ser directores. Es más fácil
condicionarlos que corromperlos. La Onorata Societá sabe que todo hombre es
débil, vicioso, vanidoso.
La codicia
parasita la ideología. Sólo se aprecia el talento del que adula. La
Organización te defiende. Los otros son cada vez más pequeños y más miserables,
más dúctiles, más pusilánimes. Hay que acabar con ellos. Quien intente ponerse en contra de la organización no tiene esperanza
de vida.
Si quieres ganar hay maneras de hacerlo, si quieres
matar hay motivos y métodos, si quieres abrirte paso puedes, pero tienes que
ganarte el respeto, la confianza y
hacerte indispensable. Me suena esta
música. Un pobre infeliz se arrastra para
estar cómodo.
Un pobre
infeliz es capaz de todo por estar cómodo. Es un eslabón más de una cadena de
una maquinaria que se mueve en un plano distinto al de la gente corriente.Las chorradas dejémoselas a los idiotas.
¿Valdría este mismo relato para una organización política?¿Son así de cínicas y groseras? Que cada uno saque sus conclusiones. Yo les pediría, parafraseando al grupo británico Pulp, que, si a estas alturas son capaces, y aunque resulte idiota, vivieran como gente corriente. Así, quizás, no nos asaltaría la duda.
¿Valdría este mismo relato para una organización política?¿Son así de cínicas y groseras? Que cada uno saque sus conclusiones. Yo les pediría, parafraseando al grupo británico Pulp, que, si a estas alturas son capaces, y aunque resulte idiota, vivieran como gente corriente. Así, quizás, no nos asaltaría la duda.
domingo, 6 de abril de 2014
EL PENSAMIENTO DE PACO.
Francisco Segovia Solana –Paco Segovia– nació en la C/ Propietarios nº 1 en Villarrobledo el día 8 de diciembre de 1943 según cuenta su madre en una vieja libreta. Paco fue el segundo hijo además de dos hermanas. Al poco tiempo de nacer la familia se trasladó a la C/ Claudio donde viviría prácticamente toda su infancia. Durante este periodo asistió a la escuela primaria. A la edad de 13 ó 14 años ingresó en el Seminario de Hellín. En 1956 la familia cambió de domicilio, trasladándose a la C/ San Cristobal nº 7, en las “Casas Baratas”, en esta nueva dirección Paco tendría la domiciliación familiar y sólo visitaría en vacaciones. La etapa de seminarista finalizaría en 1962-63 junto con los estudios de bachillerato, en este momento regresa a Villarrobledo por un periodo corto de tiempo, para volver a marcharse, en esta ocasión a Madrid a estudiar.
La estancia en Madrid no fue un periodo fácil, porque para poder completar los estudios de Filosofía y Letras debió compaginarlos con distintos trabajos. Durante la década de 1960, Paco, además de estudiar y trabajar, su experiencia vital en Madrid le forjaría intelectual y políticamente. Lejos quedará la formación religiosa, que sin renunciar a ella, sí supondrá una evolución existencial. Los progresivos cambios que se fueron produciendo durante los años sesenta, por lo que de transición supuso esta década. Paco se imbuirá de las nuevas ideas laicas, formará parte de grupos de renovación social y política que surgieron durante estos años, participará en los distintos actos a favor de la libertad, la amnistía y la democratización política y social. Paco no estuvo en la primera línea, pero colaboró activamente en el cambio social y cultural que se fraguó y que tanta importancia tuvo para la década siguiente.
Cambios que se constatarían tras su regreso definitivo a Villarrobledo, en 1.975, en un Paco Segovia profesor y político. En el profesor, porque trajo al Instituto Virrey Morcillo, al que llegó aquel año como profesor interino, las nuevas aportaciones pedagógicas: la enseñanza como actitud ante la vida; y, en lo político, porque sus aportaciones irían orientadas a introducir los nuevos valores democráticos, de acuerdo a los nuevos tiempos y las circunstancias propias de los años setenta, sin que ello supusiese una ruptura con la tradición política socialista a la que pertenecía.
Los “mimbres” de los que se valía Paco para la construcción de su discurso didáctico, poético y político no son fáciles de sintetizar dada su vasta formación cultural. A a pesar de ello podemos encontrar unas constantes que nos remiten a un universo simbólico amplio y diverso. El profundo conocimiento de la cultura clásica, la renovada lectura de los pensadores y escritores contemporáneos nos muestra un mar de matizaciones intelectuales que se reflejan en los distintos escritos y discursos pronunciados en su dilatada carrera política. Si alguna constante podemos encontrar en el discurso de Paco y que, además, fuese común a toda su producción intelectual y política esta sería su visión existencialista, en términos antropológico y filosófico del término. Existencialismo que adquiere sus referencias más importantes en las condiciones de vida que el ser humano vive y las formas de superación que produce. Es en esta relación causa efecto en la que se plasmará dicho existencialismo.
Podría decirse que Paco entendía la Vida como un camino, en contraposición a quienes la entienden como el movimiento dentro de los límites de lo establecido. De aquí que el camino se manifestase en él como una actitud vital hacia el Progreso. Siempre con la Memoria como experiencia acumulada para orientar el camino hacia lo desconocido. Bien entendido el Progreso, según se desprende de sus discursos, como la valoración integrada de proyectos, el valor de progreso en una comunidad se obtendrá, por tanto, de la capacidad de alcanzar consensos para hacer compatibles los distintos proyectos vitales, esto es, que nadie se sienta desplazado en la comunidad que vive. El Progreso será reconocible, por tanto, por la capacidad desplegada por su sociedad para facilitar la convivencia de las distintas sensibilidades. De aquí la importancia que le otorgará Paco a los valores como la amistad, el trato próximo con los Otros, la búsqueda de la felicidad, etcétera, los cuales jugarán un papel fundamental en la actitud de su comportamiento como profesor y como político con responsabilidad de gobierno.
Paco Segovia fue un político de abajo, del pueblo, que siempre emprendió su acción política a partir de Villarrobledo, nunca renegó de su pueblo. Contribuyó a la refundación del Partido Socialista Obrero Español en Villarrobledo y en la provincia. Ocupó cargos de elección y de designación: fue Concejal del Ayuntamiento de Villarrobledo en 1979, diputado provincial y portavoz del Grupo Socialista en la primera Corporación de la Diputación de Albacete, institución de la que fue Presidente entre 1999 y 2001, Diputado a las Cortes durante dos legislaturas, Delegado de Cultura de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha; pero si por algo se le recordará a Paco será por ser Alcalde de Villarrobledo.
Fue el acalde del pueblo, atendió y escuchó a todos y cada uno de los ciudadanos y ciudadanas, asociaciones, barrios, centros educativos y, en definitiva, todo aquél que quisiese hacer algo por Villarrobledo o necesitase ser escuchado. Contribuyó a que Villarrobledo no fuese uno más de los municipios de Castilla-La Mancha, sino que consiguió trabajar para que fuese una población con futuro a la altura de las más prósperas de la región. La política, como Paco decía, “actividad noble, si noble es quien la empeña”, la entendió como una herramienta para hacer camino y progreso para el Pueblo; sin embargo la política también tiene otra cara, la que se ejerce desde el interés del poder, se trata de la política de “los interesados, de la gabela y de los sumisos que no de los leales” que le llevaron a abandonarla, y quizás a la decepción.
El ejercicio del gobierno lo fundamentó en el impulso de aquellas áreas políticas que más podían contribuir a alcanzar mayores cuotas de libertad, igualdad y solidaridad. Así podemos destacar las siguientes: la Sanidad será un pilar fundamental en su acción política, de aquí por ejemplo se pueden citar su labor en favor de la creación del Centro de Atención a la Salud (CAS) en la Diputación de Albacete cuando fue Diputado responsable de Sanidad en la Corporación Provincial de 1979-83, también, cómo no, las distintas gestiones para conseguir que Villarrobledo dispusiese de los mejores servicios sanitarios que en cada momento se podían implantar, sin perder de vista que Villarrobledo desde siempre ha precisado un Hospital. La Cultura, entendida como un recurso que contribuyera a la democratización del pueblo, de aquí el apoyo al Cultural Albacete y a la Universidad Popular; la Educación porque favorecería la movilidad, pues a través de ella cualquier persona podrá prosperar según sus aspiraciones y no por la condición familiar; y la solidaridad mediante los Servicios Sociales pues nadie debía quedar abandonado a su suerte cuando las condiciones económicas no fuesen benévolas.
Todo ello, teniendo en cuenta que desde la condición de Alcalde por sí sólo no se podía conseguir, Paco disponía de una habilidad muy singular para trabajar con los representantes de las demás administraciones, en el sentido de saber convencer de la necesidades que tenía su pueblo y los recursos que se precisaban para que Villarrobledo no quedase descolgado del progreso general; ello incluso cuando el PSOE estaba en la oposición.
Desde que abandonó el ejercicio activo de la política, Paco pudo dedicar tiempo a algo que era para él más que una afición, tal vez un vehículo del tiempo: escribir. Los recuerdos, la soledad, el amor, la muerte y un personaje, Don Quijote, fueron continuas referencias en sus escritos, como puede comprobarse en su único libro publicado, un conjunto de poemas bajo el título “Dialogismo”.
En definitiva Francisco Segovia Solana, conocido por sus conciudadanos, vecinos, su pueblo, como Paco Segovia fue una persona que se esforzó mucho por su formación, disciplinado para no actuar por impulsos e intuitivamente, libre porque ejerció la crítica y porque no vivió ni necesitaba la sumisión para llevar a delante su proyecto vital. Paco fue un político porque creía firmemente en la condición humana y la libertad del ciudadano, que hizo por su pueblo todo lo que estuvo en su mano, que actuó porque disponía de criterio para valorar qué hacer y cómo proceder; porque la condición de Alcalde la ejerció para todos sus ciudadanos, los que le votaban y los que no; practicó el sano ejercicio de escuchar y buscar mecanismos que facilitasen el consenso sin hacer dejación de su responsabilidad como Alcalde. Paco Segovia fue un hombre íntegro, comprometido y bueno en el sentido machadiano de la palabra.
ANTONIO SANTOS SEGOVIA
domingo, 30 de marzo de 2014
RECUERDOS
El miércoles
el Alcalde me llamó y me anunció que iba a elevar al Pleno una propuesta para
que la Avenida del Oeste pase a ser la Avenida Alcalde Francisco Segovia. Lo
agradecí sinceramente. Consideré que era un reconocimiento merecido. Y sigo
creyéndolo. Y pienso que no habrá problemas para que la propuesta sea apoyada de
modo unánime.
He pensado
mucho en estos días sobre ello. Este tipo de recuerdos, tan perdurables,
recuerdos que nos sobrevivirán a nosotros y a nuestros hijos y no sabemos a
cuántas generaciones más hacen que quienes los otorgan se conviertan por
momentos en pequeños dioses que extienden su mandato hacia la posteridad.
Una posteridad
en la que de algún modo se instalará el nombre de mi padre. Su nombre, que no
él. Un nombre que permitirá a quien no lo conoció clasificarlo, etiquetarlo,
idealizarlo. Los que lo conocimos no podremos dejar de sentir perplejidad
porque casi siempre las hazañas de quienes han merecido reconocimiento han
sucedido lejos de nosotros.
Y me doy
cuenta, dramáticamente, de que esta visión lejana, la de una inscripción en una
calle, será la de mis hijas. Quizás Sol, que tenía seis años cuando murió su
abuelo, pueda tener algún recuerdo propio. Y quizás, también, por eso, cuando vislumbre a su abuelo en esa mezcla
de realidad y sueño con que nos aparecen las cosas que nos pasaron en la primera
infancia, sabrá que su abuelo fue, pese a todo, un hombre que, por mucha
inscripción que tenga, fue falible, porque de cuando en cuando se equivocaba,
fue extraordinariamente crédulo y confiado, como los
niños, poco dotado para esa divina cosa que es el humor, y muy dotado,
tristemente, para desprenderse con preocupante liberalidad de sus propios
éxitos, como si no le hubiera costado nada conseguirlos.
Será
responsabilidad mía que sepan que su abuelo fue cariñoso, protector, humilde,
soñador – a veces en exceso - y vitalista. Que cuando murió su patrimonio más
elocuente era su cultura, y desde luego no el dinero ni las propiedades, como
es obvio. Que hizo acopio de esa cultura en el primer tercio de su vida.
Que no estaría mal que ellas lo vieran en esto como ejemplo.
Quiero que mis
hijas sepan que si en nuestra casa se cuida la manera de escribir o de hablar
es también, en gran medida gracias a él. Y esto, que puede parece una tontería,
es la base del pensar y del actuar.
Deben saber
que si nos preocupa nuestra reputación o lo que digan de nosotros es porque a
él le preocupaba. Que es por él si no nos precipitamos en los juicios. Que si
no nos interesa en absoluto lo que se cuece en las casas de los demás de
puertas para adentro es por él. Que si les sale una vena sobria y aseada, poco
dada a la gula y aficionada al justo término, probablemente
sea por él.
Y quiero que
sepan, cuando vean su nombre en la calle, que si somos empáticos, que si solemos dar las gracias, que si respetamos
al otro y no vamos por ahí escupiendo palabras que humillen a los demás es, en
buena medida, gracias a él.
Pero ellas ya
se irán dando cuenta.
domingo, 16 de marzo de 2014
EL PROFE DE LENGUA QUE ERA ALCALDE DE VILLARROBLEDO
El ‘profe’ de Lengua que era alcalde de Villarrobledo
Mario de la Ossa y
Jesús Bonillo | Homenaje de Juventudes Socialistas de Villarrobledo
29 de noviembre de
2013
Pocos
son los recuerdos que tengo de Paco como alcalde pero, sin embargo, muchos son
los que me abordan de su etapa como profesor. Tuve la suerte de ser alumno suyo
tras su etapa en la alcaldía de Villarrobledo. Impartió la asignatura de Lengua
Castellana y Literatura. Hace al menos 8 o 9 años de aquel curso de Lengua que
compartimos con Paco (4º de ESO) y, sin duda, es de los que más recordamos. La
calidad de un profesor muchas veces puede medirse en eso, en cuantos
recuerdos guardas de él pasados los años. De Paco son muchos. Grandes
lecciones e inolvidables anécdotas.
De
Paco, como profesor, puedo decir que era un tipo duro, de los de antes,
que exigía sabiendo lo que podía exigir y buscaba ayudar a sus alumnos
con explicaciones claras, amenas y efectivas. Un tipo duro pero cercano. No
dudaba en acompañar sus clases de aquellos socorridos chascarrillos que tanto
le gustaban. ¡Qué impresionable es una clase de chavales de la ESO cuando tu
profesor es “el señor alcalde”! Todos lo sabíamos y por ello le teníamos
en más estima, sin duda, pero más respeto también.
Cercano,
claro y campechano. Una vez nos contó
algo sobre un amigo “un hombre de negocios”, dijo él de Madrid,
que era muy serio, pero que le gustaba mucho el Viña Rock y de cómo, éste, se
quitaba la corbata y el traje y se ponía la peluca y las pulseras de pinchos
para irse de conciertos en Villarrobledo. Nos dijo que estaba tentado de
hacerlo junto a él alguna vez. Nunca supimos si llegó a hacerlo.
La
labor que más recuerdo de él, como profesor de Lengua Castellana, era el
hincapié que hacía en los valores de defensa del castellano. Le gustaba que sus
alumnos conocieran las palabras, ir más allá del libro de texto. No dudaba de
prescindir de algunos contenidos para introducir aquellos que él veía más importantes.
Buscaba que sus alumnos supieran leer, comprender y expresarse, valores tan
denostados hoy en día en la Educación Secundaria.
Chicos,
¿Cómo se dice cuando nace un niño? –Dar a luz, profesor. – ¡Se dice parir!,
chicos. Los eufemismos disfrazan el castellano. Hay que reivindicar las
palabras tal y como son. Que una palabra suene fuerte no la hace mala, la hace
castellana, nuestra. Es así, y así debéis usarlas.
Estas
palabras las recuerdo muy vívidamente. No era un profesor de manual, tenía un carisma
forjado sin duda gracias a sus años en política que, trasladados al aula,
demuestran que la tarea de la política no es tan mala como hoy día creemos. Si
políticos como Paco Segovia tienen la capacidad de dar una clase como lo hacía
él, aún hay esperanza para la política en este país.
Me
gustaría cerrar estas palabras con un último recuerdo que todos
compartimos con él -alumnos y profesores del instituto- en aquella intervención
con que Paco nos entretuvo en el salón de actos del IES Virrey Morcillo, en el
contexto de la Semana Cultural. Allí decidió participar activamente y nos
deleitó con un monólogo que, al menos para un servidor, sentó precedentes en
calidad y cercanía. Las risas inundaron la sala. Paco nos habló acerca de cómo
educar a un perro y qué periódicos se deben usar para reprenderlo, de cómo unos
serían demasiado blandos para que el animal aprendiese algo y de cómo con otro
podíamos causarle un daño excesivo por su dureza extrema.
Con
aquellas risas, del monólogo, y las que nos regalaba en cada clase, quiero
recordar a Paco, el alcalde que me dio clase en el instituto.
Un
servidor hoy día está estudiando un Máster de Formación del Profesorado para
Educación Secundaria y en unos meses estará haciendo las prácticas en aquel
mismo centro donde conoció a Paco Segovia. Posiblemente la influencia de
aquellos magníficos profesores que tuve –entre los que cuento a Paco Segovia-
sean la causa de que esté en este camino profesional.
Gracias a todos y especialmente hoy a Paco.
Gracias a todos y especialmente hoy a Paco.
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